Cuba: una declaración de amor

La vida nos da a veces regalos maravillosos. Experiencias impagables a las que llegamos sin saber muy bien qué esperar de ellas. Mi reciente viaje a Cuba es sin lugar a dudas una de ellas.

Paseando por La Habana he percibido y he disfrutado de un arte que no está en los museos, sino en la calle. La música, la gente, la comida, la bebida…es sin duda un viaje en el que la persona que vuelve no es la misma que partió.

Durante mi estancia en la capital cubana tuve el orgullo de actuar en la inauguración del Havana World Music Festival  y de compartir escenario con artistas de la talla de Speed Caravan.

También tuve el privilegio de conocer y entablar amistad con Eme Alfonso, una cantante y compositora que es toda una institución en Cuba y que pertenece a una de las familias más importantes de la música cubana contemporánea.

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Uno de los momentos más emocionantes de mi estancia allí fue cuando tuve la oportunidad de trabajar en un taller junto a un grupo de chicas de la compañía Ojos de Agua. Durante la preparación de los shows con ellas experimenté un intercambio de energías, una complicidad entre nosotras y un entendimiento muy profundo que va mucho más allá de la música y del baile.

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Durante el viaje de vuelta, sentada en el avión y mirando el paisaje por la ventanilla, pensaba en la gran cantidad de mujeres fuertes, valientes y con talento que voy encontrando en mi camino. Pensaba en la suerte que tengo de poder compartir momentos tan especiales con ellas. Y pensaba en que, aunque cada una siga su camino, nuestra música interior seguirá estando afinada en una linda melodía.